Viaja y conoce Faro San Isidro




Una especie de shock  invade los oídos. Los sonidos que son “naturales” se han esfumado. No autos, no gente, no humanidad. Así se sienten los primeros instantes en la Hostería San Isidro ubicada al extremo sur de la Península de Brunswick, al suroeste de Punta Arenas.

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Para llegar a este enclave de profunda tranquilidad, son necesarias tres horas de auto hasta la desembocadura del río Santa María, punto que deja atrás al poblado de San Juan y al Fuerte Bulnes.

Una vez arribado a la salida del torrente, se presentan dos opciones: caminar o usar el zodiac de la hostería. La ventaja es que la primera es gratuita y lleva a las personas por los bosques magallánicos del Estrecho hasta llegar a una larga y hermosa playa. La desventaja de dicha aventura, es que la lancha se demora 20 minutos contra los 60 que toman los pedestres. Bonus point es el hecho de que navegando aparecen las toninas que se tornan en la gran bienvenida a un mundo donde los animales aún reinan.

No es la selva amazónica, sin embargo la fauna terrestre y marina es muy común de ser avistada. No en vano este lugar es parte una ruta más larga: el Santuario de Ballenas Carlos III, uno de los mejores puntos del país para observar a la yubarta o jorobada. La zona de San Isidro es uno de los buenos sitios para la observación ornitológica, siendo posible ver al bello carpintero patagónico o gigante (Campephilus magellanicus), con los machos de cresta roja, como gran atracción.

No es lo único.

El Monte Trane
Este apartado punto del mundo, lleno de voces naturales, tiene un refugio, la Hostería San Isidro. Gran casa con luz, calefacción y calor de hogar austral. Una de sus dueñas, Ángela, se convierte en el pasaporte para conocer este poderoso lugar. Haciendo las veces de cocinera, su voz es autorizada a la hora de hablar del Cabo. No es para menos, este pedazo de tierra que se baña de lengas que se coronan en el monte Trane, tiene muchísima historia.

Desde 1580 se transformó en parte de las cartas de navegación tras ser descubierta por Pedro de Sarmiento quién también la bautizó.  Los habitantes de la zona a la llegada del invasor eran los kawesqar, pruebo originario extinto luego del contacto con los hombres occidentales.

Fue en 1827 cuando el contralmirante Parker King, a todas luces inglés, navegaba por la zona haciendo el primer levantamiento hidrográfico de Magallanes, obre de principal importancia en la época, cuando llegó a San Isidro. El médico de la expedición John Trane escaló el promontorio de 825 metros siendo bautizado en su honor. Pocas décadas después llegó a la cumbre el afamado Charles Darwin quién halló fósiles. Los “amonites”, cefalópodos extinguidos con formas enrolladas.

Hoy en día es posible subirlo en jornadas de excursión de 8 horas, ofrecidas como servicio por la Hostería. La vista desde la cumbre es impresionante, ofreciendo panorámicas sobre una vasta zona de canales, la cordillera de Darwin y el Estrecho de Magallanes en plenitud.

El Faro
Hay sólo dos edificaciones acá. No hay gente vecina. Sólo los barcos pesqueros se acercan a ofrecer pescados de vez en cuando. Una de ellas es la casa-alojamiento, mientras que la segunda es el faro que se construyó en 1904. Comprendido en un plan de iluminación de los canales iniciado a principios del siglo XX, entre los que destaca Evangelistas, Dúngenes y Punta Delgada.

San Isidro ha dado luz por más de un siglo a los barcos del Estrecho. Su historia ha tenido más oscuros que claros sin embargo. Durante una gran cantidad de años su bella estructura sufrió el deterioro del tiempo y de manos ajenas que robaron su valioso material. Una concesión realizada por la Armada motivó a que los actuales dueños de la Hostería rescatarán y reconstruyeran esta edificación patrimonial.

Entrar en el gran salón interior es la antesala de la clásica escalera caracol que lleva a la zona más importante del faro: su gran ampolleta. La emoción embarga estando acá.

Caminando y Kayakeando
La serenidad es tan tremenda que no es pecado el querer hacer nada. La contemplación en este punto ya es una actividad poderosa en sí misma. Pero para quienes tienen espíritus descubridores hay, junto a la mencionada caminata al Trane, dos trekkings más aportan al conocimiento de la naturaleza local.

Uno lleva a conocer la playa que se disgrega hacia el oriente y que a lo solitario de todo agrega parejas de caiquenes (Chloëphaga picta picta), gansos de mar, que se alimenta de algas en las rocas, y la posibilidad de internarse en los faldeos boscosos.

La segunda alternativa se dirige a dos horas de distancia al circuito histórico del faro, que llega hasta la bahía del Águila, antiguo asentamiento ballenero, uno de los principales y más antiguos de Patagonia que durante su tiempo de funcionamiento casi terminó con los cetáceos que hoy nuevamente toman posesión de los canales magallánicos.

Finalmente la guinda de viaje la otorga la posibilidad de navegar en kayak por el litoral. El Estrecho es a veces feroz y otras una superficie de reflejos. La suerte está a nuestro favor, las embarcaciones se desplazan plácidas por la línea marítima. La vista desde el océano es superior. Se entiende la admiración que tuvieron los kawesqar por los espíritus de la naturaleza que se manifiestan omnipotentes. Una manada de lobos de mar sale a mirar a los extraños que rondan en sus dominios. Juguetones se alejan completando la panorámica de postal que nos rodea.  Que bella es la naturaleza en su esplendor original. El sentimiento de paz vivido en San Isidro se alarga y retoma su sentido cada vez que se le recuerda. ¡Gran lugar!




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