Rutas turísticas : Samo Alto




Para llegar a este valle es necesario salir de Ovalle con destino a la ruta D-595, que une internamente a la capital de Limarí con La Serena y tomar el desvío que anuncia el embalse Recoleta. Hermoso y uno de los principales reductos de agua de la zona, es posible en verano realizar deportes acuáticos.

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Una vez pasado éste y tras avanzar 40 kilómetros, los enigmáticos cerros y una densa arboleda de higueras y pimientos dan la bienvenida a Samo Alto, principal poblado de la comuna.

Lo primero que impresiona es el paisaje con las extrañas formaciones de sus montañas y con sus colores magnéticos, así como también el gran tamaño de los árboles.

Samo Alto tiene un centenar de casas que cubren la carretera, hasta este punto totalmente asfaltada, viviendas de un solo piso, dos máximo. La calle da la impresión de estar sin habitantes, sin embargo cuando empieza a bajar el insistente sol, la gente comienza a salir y los niños a jugar en la centenaria plaza que es presidida por una hermosa y pequeña iglesia.

Acá es posible encontrar un par de negocios y el mismo número de teléfonos públicos, una hostería, una posta rural y la municipalidad, en donde es posible pedir una gran cantidad de información turística. Los atractivos van por parte de la naturaleza: es posible realizar excursiones a cerros, pasar la tarde en el río o contemplar la noche con su manto de estrellas en la única piscina del único agrocamping del lugar: el “Valle de Estrellas”.

Ya acá te darás cuenta que el viaje vale la pena, pues la paz y tranquilidad de la zona calman hasta al alma más inquieta.

Arqueología, Mermeladas y Queso
El camino serpentea luego de dejar atrás a Samo Alto y del asfalto se pasa a la tierra, pero sin mayores baches, al poco andar (4 kms. de distancia) es posible encontrar uno de los hitos de la ruta arqueológica que la comuna posee: “Las Tinajas”. Inmerso en los faldeos de los cerros y bastante bien señalizado, el hallazgo denota una seguidilla de pozas labradas en una pequeña quebrada en donde los antiguos habitantes, data de 2 mil años atrás, podían mantener agua por bastante tiempo a manera de estanques. Además, se ubican a los costados de estos pozones una serie de petroglifos grabados con figuras de animales, humanas y otras geométricas. El silencio que se respira es impresionante y si tiene suerte podrá observar a los zorros que, como antiguos guardias, vigilan el sector.

Continuando la senda, aparecerá el poblado de El Espinal, que posee un camping con acceso directo al río y, casi al salir del pueblo, con las estupendas mermeladas caseras de Doña Nena, quien a través de hornos solares, deleita paladares con sus productos envasados. Toda una experiencia.

Posteriormente el valle sigue imantando la vista con miradores desde la carretera que dan la impresión de que los cerros nos están tragando, mientras las casas de pobladores anuncian la llegada a Pichasca. Pero antes de llegar al pueblo es necesario desviarse hacia San Pedro Viejo, que queda a un costado de la vía y que es uno de los asentamientos más antiguos de la zona lleno de casas de adobe y una iglesia antiquísima y perfectamente bien mantenida. Este punto además es la base para llegar al Monumento Natural Pichasca, lugar lleno de fósiles y bosques petrificados que junto al hermoso marco natural dan un broche de oro a la riqueza del valle.

Finalmente, retomando la ruta, encontraremos a Pichasca en donde es posible comprobar la fama de su queso de cabra, de gusto fuerte y fresco, que venden en los negocios del lugar, los cuales son los más dotados del camino y que proveen de buenos productos y buenísimas historias a sus clientes. Aparte acá hay panaderías (no hay ninguna en Samo Alto, por ejemplo) y el único bar que sacia la sed provocada por el inclemente sol.

Una Invitación Tentadora
Hasta aquí llegó el viaje inicial. Pero las ganas de seguir ruta son demasiada tentadoras, ¿qué podrá encontrar? Poblados mágicos como Serón, Hurtado, Morrillos, las Breas o Carrizal. Lugares donde la soledad y la buena disposición de la gente aún no han sido contaminadas por los vicios de las ciudades ni de sus habitantes. Hermosos parajes cordilleranos y el origen de un río que corre cristalino bañando de verde los campos hasta llegar al embalse Recoleta. Además de lugares para comer comidas típicas como en “Río Sol” de Hurtado o conocer un lugar de categoría como es la Hacienda Los Andes, más de 500 hectáreas donde un par de gringos han logrado un verdadero santuario natural. O llegar al final del camino, hasta Pabellón, donde en la única casa que hay viven siete hermanas que reciben a los turistas con afecto y solidaridad.

Mucho que descubrir, mucho de que asombrarse y muchísimo para conocer y como dice su alcalde, Gary Valenzuela: “La tranquilidad, la seguridad que ofrece la comuna de Río Hurtado, son las fortalezas para el turista. Este es un valle virgen para el descanso como corresponde”.

Si a usted lo ha maravillado Elqui, este lugar lo dejará enamorado. Silencio, paz, vida natural que aún se halla lejana y resguardada como un secreto entre los cerros de la IV región.




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