Ruta : Regreso a Antofagasta por Peine




Valle Luna Cordillera de Domeyco

Este paseo es una de las mejores alternativas para el viaje de retorno desde San Pedro de Atacama, un camino en el que se avanza por rutas pavimentadas con sal y se recorren, en total, algo más de 360 km; 110 de ellos pavimentados y el resto, cubiertos de sal.

El viaje comienza en San Pedro y, tras salir del pueblo, se avanzan 38 km hasta llegar a la pintoresca aldea de Toconao, verdadero oasis donde se cultivan deliciosos frutos y la piedra liparita ha sido usada para construir caminos, además de artesanías.



Al seguir por la ruta internacional con rumbo sur, en el kilómetro 42 del paseo se encuentra un desvío que, tomándolo por la derecha, permite bajar al salar.

Siguiendo rumbo sur  por el camino original y tras recorrer 10 km, se cruza un camino señalizado que lleva al Sector Soncor, perteneciente a la Reserva Nacional Los Flamencos y administrado por Conaf y la comunidad originaria de Socaire.

Continuando el viaje en la misma dirección, se encuentran dos desvíos. El primero está en el kilómetro 69 y lleva hasta Camar; el segundo se encuentra en el kilómetro 76 y permite arribar a Socaire.



En el kilómetro 83 del viaje hay otro cruce; tomando a la izquierda, se alcanza el Campamento Vial Vives; si se escoge el camino de la derecha, se llega a la mina SQM Salar.

Recorrido por Peine

En el kilómetro 97, se ofrecen dos opciones de camino. El desvío a la izquierda permite apreciar cómo el paisaje se tiñe de verde anunciando la presencia del oasis de Peine. Tras 2 km, se llega  a este pueblo de algo más de 200 habitantes, situado a unos 2.400 msnm, en el piedemonte de la cordillera de los Andes y entre dos quebradas que permiten el desarrollo de cultivos.

Se cuenta que en el siglo XVII la comunidad se trasladó desde Peine Viejo, aldea emplazada poco más al norte. Más atrás en la historia, se sabe que este lugar fue parte del Camino del Inca y que, en tiempos de la Conquista, por ahí avanzaron Diego de Almagro y Pedro de Valdivia con sus numerosas huestes exploradoras.

Durante el siglo XIX, hasta Peine llegaron varios mineros para explorar la zona. Entre ellos se cuenta a José Santos Ossa, quien explotó la mina de plata Lankir. En la actualidad, el pueblo sigue vinculado a la actividad con la explotación de litio. A continuación de este barrio, se observan hermosas edificaciones hechas con piedra; todas ellas acompañan el paseo por la larga calle que lleva, finalmente, hasta la iglesia de San Roque, levantada en 1750 y en la que destaca una torre de piedra. Cada 16 de agosto, es escenario de una fiesta religiosa que congrega a fieles de la villa y otros lugares.

Frente a la iglesia, una pequeña plaza ofrece la agradable sombra de algarrobos, especie típica de ecosistemas desérticos. Otro atractivo del pueblo es el balneario Cochas de Peine; se emplaza frente al gran salar y consta de cochas o piscinas formadas por rocas desgastadas con la erosión hídrica. Estas sirven para almacenar el agua de las vertientes que riegan las tierras locales, formando el oasis en pleno desierto de Atacama.

Desde Cochas de Peine surge un sendero por el que, si se sigue rumbo al norte, se llega a las Ruinas de Peine Viejo. Este Monumento Nacional  corresponde a un antiguo poblado atacameño que en tiempos incaicos fue uno de los tambos más importantes del Camino del Inca. Abandonado por razones desconocidas a mediados del siglo XVII, en una visita es posible apreciar su trazado abierto y sus calles anchas. Como fue construido a lo largo de muchos años, en sus edificaciones se observan, además, varias técnicas; por ejemplo, pirca seca, piedra unida con arcilla y la piedra semicanteada.

La capilla de Peine Viejo también es Monumento Nacional, pues fue construida en el siglo XVI y destaca como uno de los primeros edificios de Chile. Lamentablemente, en la actualidad, solamente se conservan sus muros y un portal de arco.

Por último, en la zona sur de la quebrada de Peine, vale la pena visitar un alero con pinturas rupestres de gran atractivo.

Siguiendo rumbo a Antofagasta

Retornando al kilómetro 97 del paseo y tomando la ruta de la izquierda del desvío, comienza el cruce por el salar a través de un camino en excelente estado. La vía lleva a la Sociedad Chilena del Litio y, luego de 4 km, pasa por la laguna Salada, muy pequeña, aislada y rodeada de costrones blancos de sal, debajo de los cuales está el agua salada que, esporádicamente, se deja ver en la superficie.

El camino se disfruta con una hermosa vista hacia la cordillera de los Andes; lucen sus cumbres nevadas y volcanes, además del enorme terreno erosionado que parece bajar hasta el salar.

El panorama al sur permite divisar a lo lejos el oasis de Tilomonte, situado junto al salar. Más allá está el área que fue impactada por un meteorito, provocando un cráter denominado Monturaqui. El fascinante hallazgo se hizo en 1965 y su cráter tiene 460 m de diámetro y casi 40 de profundidad.

En el kilómetro 120, el trayecto topa con una barrera y los edificios de la Sociedad Chilena del Litio. La empresa fue creada en la década de 1980 y se encarga de la extracción de litio y cloruro  de potasio. Por la zona abundan las instalaciones mineras que bombean el agua del salar para llevarla a piscinas, donde se exponen a la evaporación generada por el calor del sol. El producto se transporta en camiones aljibe para ser procesado en La Negra (en Antofagasta).

Aunque no es posible entrar a la mina, si se gira hacia la izquierda es factible detenerse para escalar los desechos mineros conocidos como “tortas” blancas de sal.

Hacia el kilómetro 127, se cruzan varias sendas y, luego, se halla un cruce en forma de T. Tomando la izquierda se llega al oasis de Tilopozo y, si se escoge la vía de la derecha, se alcanzan directamente los pies de los cerros de Lila, accidente geográfico que cierra el salar por el sur.

En el kilómetro 131, el viaje alcanza una punta que permite asomarse al último seno del salar. En esta área, la superficie del lago salado es más oscura producto de la tierra que mueve el viento desde los cerros cercanos, específicamente, aquellos que se observan al poniente.

Un poco más adelante, un desvío a la derecha lleva hasta la mina de SQM Salar, empresa dedicada a producir potasio.

En el kilómetro 150, la ruta lleva por el llano de la Paciencia hasta llegar a un cruce. Por la derecha se inicia camino al valle de la Luna y San Pedro de Atacama. Por la izquierda, se accede a una estación del Parque Pan de Azúcar y a la mina Escondida.

Tramo final y paso por Baquedano

Este último camino es pavimentado con sal y cruza la cordillera de Domeyko, avanzando siempre por una senda de curvas a cuyos costados se aprecia un paisaje de cerros bajos, redondeados y color café oscuro. Más adelante, la vía serpenteante desaparece y la ruta se compone de caminos rectos, siempre circundados por montañas.

En el kilómetro 193, se aprecia el salar de Elvira, donde sobresale la presencia de pequeños montículos. Bastante más allá, en el kilómetro 261 aproximadamente, el paseo permite pasar junto a la mina Lomas Bayas y, en el kilómetro 296, ya en la Ruta 5 Norte, se llega a Baquedano, pueblo situado a unos 1.035 msnm y de unos 500 habitantes. Hay control de Carabineros y oferta de comida casera. También existen atractivos urbanos, como, por ejemplo, la Sala Museográfica, espacio que exhibe la historia de la pampa con relatos y la exhibición de algunas piezas.

Finalmente, saliendo de Baquedano y siguiendo rumbo suroeste, se llega al desvío debidamente señalizado que permite entrar a Antofagasta.




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