Mauricio: Colorido y fantasía en el Indico




El archipiélago de las Islas Mauricio está al sudeste del continente africano, en medio del Océano Indico. Llegar allí no es fácil, pero quienes lo hacen se van satisfechos de haber encontrado un lugar único en el planeta y, además, barato.

Como fue el caso de muchos lugares en el mundo, y sobre todo de aquellos de belleza excepcional y aptos para la explotación de nuevas plantas como la caña de azúcar, producto muy apetecido en el Viejo Continente hacia el siglo XVI, Isla Mauricio fue disputada a través de toda su historia por los países colonialistas de Europa. Los primeros en tropezar con ella fueron los portugueses a raíz del viaje de exploración de Vasco de Gama en 1498. Pero ellos no le prestaron mayor importancia y sólo dejaron unos cuantos monos y ratas como recuerdo. Sólo 100 años después los holandeses llegarían para establecerse, dejando una gran influencia en las costumbres de la población nativa y bautizando la isla con nombre occidental.

Islas Mauricio



El vicealmirante Wybrandt van Warwyck declaró la isla posesión de Holanda y la llamó Mauricio en honor del príncipe Mauricio de Orange y Conde de Nassau. Una población estable se asentaría para servir de nexo en la ruta hacia la isla de Java, en el sudeste asiático, claro que no por mucho. Hacia 1710 los holandeses decidieron abandonar la isla por razones económicas dejando sólo a un grupo de esclavos africanos, las poco productivas plantaciones de tabaco y caña de azúcar, y en la más absoluta extinción al milenario pájaro dodo.

Posteriormente se sucederían varias ocupaciones. La primera de ellas fue francesa, que cambió el nombre a Île de France y creó una red de caminos con el objeto de hacer producir las plantaciones de caña. Después, en 1810, Gran Bretaña atacó las fortificaciones galas y se apoderó de la capital, Port Louis. Los franceses no pudieron hacer resistencia, debido a que por esos años combatían en Europa bajo las órdenes de Napoleón, así es que tuvieron que ceder el territorio mediante el Tratado de París, que estableció a modo de beneficio para la población francomauriciana la conservación de su lenguaje, religión, el código legal napoleónico y las plantaciones.

Veinticinco años después, en 1835, se abolió la esclavitud y esto trajo consigo una gran inmigración desde India y los países vecinos para trabajar los campos y fábricas. La composición racial del archipiélago varió notablemente producto de esta nueva situación.



Mientras tanto, los ingleses continuaron gobernando la isla hasta 1968, cuando después de varios intentos la población consiguió su libertad. Uno de los personajes claves en este periodo fue Sir Rangoolam, activo propulsor de la emancipación y quien ostentó el cargo de primer ministro durante trece años.

En este ir y venir de migraciones de distintas partes del mundo, Mauricio ha ido conformando su particular población local. Un crisol de razas, costumbres, colores y lenguas -el idioma oficial es el inglés, pero también se habla francés, créole (mezcla de francés y varios dialectos africanos), hindi, urdu, hakka y el bojpoori- que afortunadamente conviven en paz. Muestra de esta síntesis cultural se evidencia también en las manifestaciones artísticas. Una de ellas es el baile créole llamado séga, que se lleva de forma agitada y erótica y dando pequeños saltos al ritmo de música latinoamericana, caribeña o africana en la arena de la playa.

Esta riqueza cultural no sólo ha capturado la atención de los turistas modernos. Años antes fueron varios los personajes que se sintieron atraídos. Entre ellos los novelistas Joseph Conrad y Mark Twain, quienes dejaron escritas sus experiencias señalando su que se sintieron conmovidos por el estilo de vida de los locales y sus exóticas costumbres. Otro de los grandes de la literatura que se vio fascinado por los habitantes de Mauricio, en especial del pueblo créole, fue el poeta francés Charles Baudelaire, quien escribió su primer poema en el pueblo de Pamplemousses y lo dedicó a una dama créole. De hecho, los versos llevan como título A une Dame Créole.

Entre pueblos idílicos y fiestas religiosas

Gran parte del atractivo de Mauricio se debe a que su fisonomía natural es muy similar con la de una isla caribeña o del Pacífico Sur. Sin embargo, tiene características únicas imposibles de encontrar en otra parte del mundo, como su vegetación endógena, algunas especies de animales y, bueno, su gente, su ritmo y sabores. Por otra parte, este destino es sumamente barato y cómodo. La única dificultad pasa por llegar hasta aquí, pero ya en territorio mauriciano se darán cuenta que el dinero rinde como en ningún otro lugar. Las ofertas turísticas pasan por alojarse en un fantástico resort a la orilla de la playa con todas las comodidades posibles o bien dormir en la casa de un habitante local, quien no tendrá ningún problema en, incluso, arrendar su vehículo. Así de amables.

La capital es Port Louis y, como es de suponer, concentra toda la actividad comercial, cultural y de servicios del archipiélago. Ubicada en el extremo noroeste de la isla Mauricio (la mayor de todas), está rodeada de montañas y un mar azul turquesa. Pese a la intensa actividad que se registra de día, por la noche es un tanto apagada. Sólo el muelle Le Caudan bulle de alegría y música gracias a su conjunto de cines, bares, restoranes, tiendas y casino.

En el centro de la ciudad destaca el Mercado, con secciones dedicadas a frutas, vegetales, pescados, artesanía, ropa y especias. Un sitio interesante donde confluyen turistas, comerciantes ambulantes, marginados sociales, ejecutivos y dueñas de casa, entre muchos otros. En el barrio cercano está el Museo de Historia Natural, donde se puede ver una réplica del misterioso pájaro dodo (una especie de gran paloma que no podía volar), así como otras especies de aves ya extintas. Si están interesados en la arquitectura árabe, visiten la mezquita Jummah, construida en 1850 en medio de Chinatown, y el Fuerte Adelaida, con exquisitos rasgos moriscos que está abierto al público y desde el que se puede observar la ciudad y los alrededores.

En la cercana villa de Pamplemousses está el Jardín Botánico Real, que comenzó a ser plantado en 1735 por el gobernador francés de la época. Entre sus ejemplares se encuentran especies de varias partes del mundo gracias a la introducción que hicieron horticultores franceses y británicos. Una de las plantas más destacadas es una lila de regia agua victoria, traída desde el Amazonas, cuyas flores abren de color blanco un día y cierran de color rojo al otro.

Para gastar el dinero en diversos artículos, el pueblo de Cureripe, ubicado unos 20 kilómetros al norte de Por Louis, es el sitio indicado. Hay multitud de tiendas y grandes ofertones imposibles de dejar pasar. Su industria de barcos pesqueros y los mercados de té son característicos. Su calle principal es Elizabeth Avenue y agrupa a un interesante conjunto de viviendas y edificios de estilo colonial, como el Hôtel de Ville. Unos pocos kilómetros al suroeste del pueblo están las Cascadas Tamarind con sus siete tazas o pozones. Un verdadero espectáculo de la naturaleza que se torna más fantástico al entrar al increíble Parque Nacional Black River, con bosques de aspecto muy similar a los que se encuentran en Norteamérica, y su sagrado lago Grand Bassin, centro de peregrinaje para los hinduistas.

DATOS UTILES:

· Todos los visitantes requieren pasaporte y boleto de avión de regreso para obtener una visa. Esta puede ser obtenida al llegar.

· Desde Francia salen vuelos regulares a Mauricio. LanChile vuela a París varias veces a la semana desde US$780.

· El aeropuerto internacional Sir Seewoosagur Rangoolam está cerca de la ciudad de Mahébourg, en el extremo sureste de la isla Mauricio. Hay buses que hacen varias veces al día el recorrido entre la capital y Mahébourg (unas dos horas).

· La mejor fecha para viajar es en invierno, entre los meses de julio a septiembre, cuando hace un poco menos de calor y la humedad y lluvias no son tan frecuentes.

· El código telefónico de Mauricio es 230. Se marca directamente el número local.

· El Maha Shivaratri es el festival hindú más importante fuera de la India. Se celebra a fines de febrero y comienzos de marzo y en él la gente realiza una peregrinación al lago Grand Bassin, donde hacen sacrificios de comida.

· Un dólar son 25.58 rupias mauricianas.




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