Lugares para visitar en Panguipulli




“Tierra de Pumas”, ese es el significado de Panguipulli en mapudungún, lenguaje de la indómita raza Mapuche que domino la zona hasta entrado el siglo XX. Territorio que ha permanecido en un segundo plano y que alberga encantadores poblados llenos de historias de indígenas, colonos y empresas forestales.
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Realizar un recorrido por la extensión del lago en la estupenda carretera que une los poblados de Panguipulli y Choshuenco, es una experiencia llena de sorpresas. Comencemos.

La Ciudad de las Flores
La vida del poblado de Panguipulli es relativamente nueva, fundada solamente 58 años atrás, en 1946, en la ribera norte del lago del mismo nombre.

Sus apacibles calles, llenísimas de hermosos rosales, cuentan con más de 10 mil personas y recientemente se puede observar una pequeña transformación de sus fachadas principales para atraer turistas al fomentar el uso de la madera en sus avisos comerciales o en sus construcciones al estilo Pucón, pero en un más bajo perfil.

Asombran sus antiguas construcciones, porque a pesar de ser fundada pocas décadas atrás, los primeros colonos aparecieron en la zona alrededor de 1885, mientras que en 1903 la misión Capuchina Bávara se instala en el lugar dando su protección a los mapuches que era frecuentemente engañados por la mayor parte de los colonizadores.

En 1906 se instala la primera sociedad comercial y ganadera, en tiempos de aislamiento en medio del paraje precordillerano, en que el correo, por ejemplo, se debía ir a buscar una vez a la semana en lomo de caballo a Lanco.

En la década de los ’30, Panguipulli avanza gigantescamente al instalarse una decena de fundos forestales y con ellos, una gran cantidad de trabajadores que dieron nueva vida al pueblo hasta transformarlo en uno de los más bullantes de la región. Tanto así que llegó a ser llamada como la “California Chilena”, por la gran cantidad de dinero y trabajo que provocó la explotación de la madera.

Vestigios de la época es la iglesia construida por el padre Lucerna en 1947 o el monumento de Osvaldo Peña dedicado a los mapuches, colonos y capuchinos en la costanera del lago. Sin embargo la bonanza disminuyó con el advenimiento de los ’70 y aunque el pueblo cayó en un largo letargo, el turismo está convirtiéndose en la nueva fuente de trabajo y en que la municipalidad está ofreciendo desde turismo de aventura con rafting o canopy hasta el “Sendero del Jabalí” que recorre termas, pueblos y hace exclusivas degustaciones de este animal.

Hacia Choshuenco
Pero una de las más interesantes construcciones que se realizaron en las épocas de baja de Panguipulli, más específicamente en 1983, es el camino que recorre las riberas de lago hacia el poblado de Choshuenco, nombre que adoptó de uno de los volcanes que junto a su hermano Mocho son referentes obligados del lugar.

La ruta seduce en medio de grandes bosques y una inmejorable vista sobre el lago y sus pequeñas islas. El trayecto recorre 44 kilómetros de perfecto pavimento hasta encontrar un desvío que atraviesa una hermosa arboleda circundante hasta llegar al poblado de Choshuenco.

No más de un centenar de casas componen el pueblo que antes convocó a miles de personas en torno a las faenas de extracción maderera. Ahora la soledad del paraje, el silencio de sus calles y su tranquilos habitantes la convierten en todo un oasis en medio de cerros plagados de verdes árboles.

Choshuenco se encuentra en la ribera este del lago Panguipulli y posee una playa angosta y larga que reflejan las azulinas aguas lacustres. Es posible realizar pic-nic en las arenas ya que hay unas mesas muy bien dispuestas y con excepcional  vista.

El Enco
En las mismas arenas de Choshuenco se puede encontrar uno de los vestigios más excepcionales del lago Panguipulli: El vapor Enco.

Protagonista del poblamiento de la zona, ahora descansa varado en una de las orillas de la playa. El Enco fue el principal medio de transporte del lago cuando aún no existía el actual camino que lo bordea. Construido en los inicios del 1900 y con una capacidad para unas 300 personas, surcó las aguas del Panguipulli innumerables veces hasta inicio de la década de los ’90, en que los costos hicieron desaparecer esta reliquia del funcionamiento activo.

Es sorprendente verlo en las arenas de Choshuenco como un mudo testigo, sin señales que indiquen su procedencia o su larga historia. Sin quién hable por éste y explique el porque del respeto que se le debiera tener, a pesar de los rayados que inundan su proa.

A pesar de ello hay un empresario valdiviano que planea construir una réplica de esta nave. Un reflotamiento tan necesario en tierras llenas de historias secretas esperando ser desenterradas, aguardando el momento de ser escuchadas y saboreadas por los nuevos descubridores de la zona de Panguipulli.




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