El turismo de los lugares abandonados




Hace poco descubrí un libro que llamó mi atención, perfecto para Sant Jordi, se llama “Lugares Abandonados. Descubrimientos insólitos de un patrimonio olvidado” de Sylvain y David Margaine de Ediciones Jonglez, una recopilación de fotografías de alta calidad de sitios abandonados.

Patrimonio Olvidado

Al instante me fascinó. Investigando un poco más resulta que no soy la única a la que le atraen los lugares deshabitados. Descubrir la soledad de lugares fantasma que representaban mucho y que hoy no son nada, en una mezcla de misterio y miedo, de nostalgia tétrica y ansia de explorar; es una curiosidad compartida por la gran comunidad de internet, hay bastantes blogs y clubs de exploradores.



Este tipo de turismo podría considerarse bastante minoritario y para un público muy específico alejado de las típicas rutas turísticas del Caribe o París. Son comunidades de buenos fotógrafos y valientes exploradores.
Gracias al boca a boca (o el blog a blog) los interesados se preparan para bucear en silencio y ¡hasta han creado sus propias normas! (no forzar entradas, no hacer ruido, no ser vistos, no romper ni destrozar nada). El respeto que imprimen los recintos desamparados crea un sentimiento de obligación en estos “turistas” de dejarlos igual que se los encontraron.
Realizan excursiones al lugar donde se rodó “Doce Monos”, la ciudad olímpica de Berlín de 1936, castillos olvidados, estaciones de trenes, prisiones, cementerios de barcos, submarinos, fábricas, estaciones de metro fantasmas, teatros… Los hay que lo hacen a pie, otros le dedican horas desde el Google Earth.

Encontramos sitios abandonados en todo el mundo, algunos más fascinantes que otros, pero todos con esta capa romántica de lujo hundido y de decadencia humana. En algunos la naturaleza ha reconquistado lo que antes era suyo, otros fueron abandonados tan precipitadamente que da la sensación que en cualquier momento aparecerá el dueño y te dará un susto de muerte.

Por supuesto muchos no nos atreveríamos a entrar solos en los lugares fantasma, por el respeto que imprime el sitio o por el susto de encontrarse con “nuevos huéspedes” no demasiado amigables. Otros morirían por fotografiar por primera vez la extraña y macabra belleza de estos lugares.



¿Y tú? ¿Te podría el miedo o te atreverías a entrar solo?




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