El encanto de la pequeña Leiden




A 20 minutos en tren de Ámsterdam encontramos un pequeño diamante en forma de pueblo, que aún no ha sido descubierto por la mayoría de turistas. Una ciudad romántica que en los últimos años se ha sabido sacado brillo.

Leiden turismo

Leiden fue una de las ciudades que más acusaron del bloqueo sufrido por los españoles antes de retirarse de los Países Bajos en 1572. Resistieron a hambrunas y enfermedades y, para premiarlos por su valentía, Guillermo de Orange fundó la Universidad de Leiden en 1575, la primera universidad del país. Aún hoy en día goza de prestigio, no en vano en ella asisten los miembros de la Casa Real Holandesa.

Como cualquier ciudad universitaria Leiden bulle de vida y ambiente. Un gran molino – que aún funciona – da la bienvenida al centro histórico de la ciudad: calles encantadas, empedradas, románticos canales y preciosos puentes. Las murallas ya fueron derivadas, pero aún se conservan las puertas de entrada.

Cada sábado el centro de Leiden se llena de puestecillos de mercado, con vendedores llegados de todo el país, para exponer sus mercancías y artesanías. Ropa y, sobretodo, comida: Los típicos arenques – que se comen con pan blanco (como un panecillo de hot-dog) – los dulces recién hechos como los stroopwafel y quesos, montañas de quesos.

Paseando por los canales de Leiden y sus calles adoquinadas uno no puede evitar enamorarse a cada paso e inspirarse con su cultura. La ciudad que vio nacer a Rembrandt te propone un juego: buscar los pequeños poemas que decoran las paredes de las casas como si de graffitis culturales se tratase. Los hay en castellano, en holandés, en ruso y hasta en chino.

Uno de los detalles que más llama la atención de Leiden son las almshouses, unas casas de caridad que construyeron los ricos protestantes para alojar a la gente que no tenía dónde vivir. Son un puñado de pequeñas casitas recogidas entorno un idílico jardín. Aún se conservan 35 de estas comunidades y aunque hoy en día ya no son para personas sin recursos muchas de ellas siguen habitadas por estudiantes o artistas que embellecen con pequeños detalles estos oasis de paz y tranquilidad.

Leiden no será tan famosa como La Haya, Rotterdam, Maastrich o Ámsterdam pero bien vale la pena retirarse un día y descubrir el encanto de la pequeña Leiden.




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