DE PASEO POR LAS TORRES DEL PAINE




El viento golpea fuerte en las Torres del Paine, el emblemático parque de la Región de Magallanes que cuenta con 242.242 hectáreas protegidas y que se ha convertido en símbolo del ecoturismo patagónico nacional.

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Ubicado a tres horas en bus desde Puerto Natales, son varias las empresas que ofrecen tures denominados ?Full Day? que invitan a un rápido acercamiento a los principales atractivos del parque a los que se llega por las rutas internas para vehículos. Durante el trayecto se conocen espléndidos miradores, glaciares y fauna de Torres, sin dejar de lado caminatas de una o más horas a sectores dónde la naturaleza ruge desde su ancestral y bella morada.



El Glaciar Grey
Basta una caminata de quince minutos desde el descenso de las van, cruzando un atractivo puente colgante, para llegar a la playa negra del lago Grey. De unos 600 metros de extensión, el viento sopla fuerte y los hielos, inmensos y azules, se despliegan por la cuenca lacustre.

Son parte de las estructuras gélidas que se descolgaron de la gran pared del glaciar Grey formando un lago lleno de icebergs de curiosas formas y tamaños variables. Se hace un arito en una parte mayormente protegida de los vientos para hacer el ritual del whisky con hielos. La materia prima no alcohólica esta ahí a la orilla de la playa.

El paisaje sobrecoge. Si hay suerte se puede divisar el Paine Grande, principal altura del conglomerado montañoso del Parque, con un altura de 3248 metros sobre el nivel mar y escarpadas paredes que fueron recién escaladas en 1963 por la cordada del conde italiano Guido Monzino.



En el costado más occidental de la playa se inicia un pequeño trekking que en una hora le da la vuelta completa a una pequeña península. A mitad de camino hay un impresionante mirador sobre el glaciar, cuya pared fue separada por un nunatak, especie de isla que se formó tras los deshielos constantes del último siglo. La vista es poderosa y si toca viento, hay que afirmarse. Acá se siente la potencia de la naturaleza en vivo.

Agua por Todos Lados
El trayecto que aúna los diferentes sectores del Parque tiene un denominador común: el encuentro permanente con cursos de agua. Ríos y lagos atraviesan esta reserva de Biosfera (1979) siendo este sistema hídrico de importancia fundamental para los ecosistemas imperantes en Torres.

Factor aparte tiene para el visitante su majestuosidad visual. Coloridos desde el azul oscuro al esmeralda, con grandes miradores (destacándose el sobre el Lago Pehoé)  que provocan que las cámaras digitales se llenen de hermosas postales. El marco es impresionante, aunque esta palabra resuene a exageración. Las montañas con sus formaciones caprichosas, las nubes gigantes y de diversas formaciones, los coloridos de los lagos y ríos, sumados al avistamiento de fauna local como guanacos, zorros o cóndores, otorgan a este cómodo viaje un componente de aventura innegable.

Se comprueba lo anteriormente escrito al llegar a la zona del salto Paine Grande. Caudaloso salto de agua que, a pocos metros, llega como tributario al Pehoé. Hay un mirador desde dónde se puede observar el hermoso río, pero si es aventurero puede llegar a la base misma del salto desde donde la perspectiva es poderosa. Ojo con el viento que aparece en rachas y puede llevarse hasta al más capo a un baño peligroso.

Hacia los Cuernos
Desde este punto se inicia una caminata de menos de una hora. Trekking de bajo esfuerzo pero que tiene como meta una de las mejores panorámicas de los afamados Cuernos del Paine. El trayecto no tiene grandes desniveles y llega a una pequeña banca dónde uno se puede sentar a observar la montaña y el lago Nordenskjöld, nominado en honor al científico sueco que identificó la geografía de la zona a principios del siglo XX.

Es impresionante la visión, destacándose la perspectiva sobre el valle del Francés y los tres cerros que forman los cuernos. Es una imagen que repleta postales y que es símbolo del Parque. A diferencia de las “Torres” los cuernos parecieran hacer una “V” entre su espacio interno. Enormes ventisqueros coronan sus áreas intermedias, mientras que las cimas se tiñen más claras revelando su formación granítica.

Divididas en cuerno Este, Norte y Principal, este último fue escalado en 1968 por los chilenos Raúl Anabalón, Eduardo García, Osvaldo Latorre y Gastón Oyarzún, tras numerosas tentativas fallidas internacionales que intentaron coronar la cumbre por más de dos décadas.

Con sus 2110 msnm (hay autores que le dan 2450 msnm) es un ícono fácilmente reconocible. Su forma triangular, con laderas esculpidas a través de diversos periodos geológicos, es un imán a la fotografía y a las decenas de personas que llegan diariamente a este mirador.

La caminata de vuelta se hace corta. Una vez de vuelta en las vans es hora de salir y despedirse de un intenso día en Torres del Paine. Hay algunos viajes con notables variaciones que llevan a la Laguna Azul, mirador de las Torres, o que hacen el trekking a la base de las mismas. No se puede realizar todo en una sola jornada por mucho que beneficien los caminos para vehículos.

Torres del Paine requiere bajarse del autito y caminar. Y frente a tamaños paisajes toda organización horaria se extiende y cambia. Dan ganas de quedarse más allá de lo que apuran los tours y sus guías. Esa es la invitación: el parque da para volver, quedarse más días y recorrer su extraordinaria geografía.




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